martes, 17 de marzo de 2020

EL DíA EN QUE PERDIMOS LA CORDURA (I)

El día en que perdimos la cordura llegó sin avisar.

Despacito y a compás. Pero atrevido y seguro de sí mismo.
El día en que perdimos la cordura nos inundó de temores disfrazados de miedo apocalíptico en un sinsentido extremo que nublo nuestra empatia como privilegiad@s...


El día en que perdimos la cordura lucia el sol en el cielo y no llovía...
 O sí.
No importa este detalle para lo que quiero contarles. 
Y es que el miedo a no tener se apoderó de tal modo de aquella población que, 
dejando el miedo a enfermar en casa, y provistos de todas las armas posibles se lanzaron a las calles, sin temer al contagio, 
y como si del fin
del mundo se tratara, 
arrasaron con todo lo que ni siquiera cabía en sus casas sin pensar en el resto de sus vecindarios...
comprando como loc@s productos
para no morir en el intento.

Luego llegaron las bromas y las burlas sobre el papel higiénico y el arroz, el llevarnos las manos a la cabeza ante la crueldad humana, la alarma extrema por la falta de alimentos y el culpar al feminismo por el contagio desmesurado.
Y se instaló en la gente una psicosis colectiva para no tocarnos, besarnos, mantener dos metros de distancia, y temer como un credo
al contacto fisico...

El día en que perdimos la cordura ni siquiera sabemos cuál fue: de pronto nos vimos abocad@s a la locura y de pronto, nos sentimos como si estuviéramos en guerra.

El privilegio nos nublo la empatia y nos acabamos olvidando de quienes, antes que nosotr@s sufrieron
 la guerra, el hambre,
la emergencia sanitaria y la muerte,
el migrar para sobrevivir.

Y nos mandaron quedarnos en casa y mucha mucha gente se lo tomó a risa y se fue de vacaciones a la costa infectando al resto de la población. 
Y nos dijeron que teníamos que pensar en los mayores y
much@s organizaron cadenas de cuidados porque ell@s nos sacaron adelante y
 ahora nos tocaba
cuidarnos para cuidarlos... 
Y al mandarnos a casa
nos obligaron a vivir con nuestros
 malestares y maltrato y
 a confinarnos con
nuestros asesinos..
y al dejarnos sin escuela nos dejaron sin cobertura a todos los niveles... y a alguien se le ocurrió que Telepizza y Burger King podrían alimentarnos...

Y quien cuenta, sabe que lo vivió
y por eso lo relata. 
Porque la mayoría de la gente colabora para que el día que perdimos la cordura
se convierta en el día en que recuperamos la empatia.



1 comentario:

  1. No se puede perder lo que nunca se tuvo. Hay personas que transitan sin contacto con lo que es real, sin contacto con el sufrimiento ajeno, sin responsabilizarse. Por cada una de esas personas, hay cientos tejiendo redes, alzando voces y ofreciendo manos.
    Con todas esas manos nos quedamos.
    Un abrazo ;)

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